Desde muy temprano en la historia, el ser humano se dio cuenta de que podÃa utilizar la periodicidad en la que sucedÃan ciertos fenómenos para idear y construir sistemas que midieran el tiempo. El primer “reloj” que estuvo a disposición del hombre sin duda fue el sol, es decir, la alternancia del dÃa y la noche.
Relojes de sol

Los enormes obeliscos egipcios se usaban cómo relojes públicos.
Todas las civilizaciones, desde Egipto hasta China, desde México hasta el Mediterráneo, conocieron el reloj de sol. El primer reloj data del siglo XV antes de Cristo, era muy sencillo, consistÃa en una simple vara que se clavaba perpendicularmente en el suelo, formando una paralela con el eje de la Tierra. La longitud y posición de la sombra proyectada permitÃa calcular los puntos correspondientes al paso del dÃa, asà como los solsticios. Los enormes obeliscos egipcios también se usaban con el propósito de medir el paso del dÃa, estos se usaban como relojes públicos.
Relojes de agua

Clepsidra egipcia
Las clepsidras o relojes de agua datan de la antigüedad egipcia y se usaban especialmente durante la noche, cuando los relojes de sol perdÃan su utilidad. Los primeros relojes se agua consistieron en una vasija de cerámica que contenÃa agua hasta cierto nivel, con un orificio en la base de un tamaño especifico para asegurar la salida del lÃquido a una velocidad determinada. En el interior del recipiente habÃan varias marcas de tal manera que segun el nivel de agua que quedaba se podÃa saber que tanto tiempo habÃa pasado.
Relojes de arena

La templanza con un reloj de arena en la mano, Ambrogio Lorenzetti.
Los relojes de arena funcionan bajo el mismo concepto que las clepsidras, es decir, se miden periodos en base al tiempo en que toma a un recipiente con un agujero vaciar el elemento que contiene. Aunque se estima que su uso es muy antiguo, no hay evidencias precisas sobre su origen. La primera evidencia concreta se puede encontrar en una pintura de Ambrogio Lorenzetti que data del año 1328. Existieron de diversos tamaños y modelos, e incluso se construyeron algunos tan grandes que eran capaces de medir un dÃa entero.
Relojes de cera

En 1206 de utilizó una candela que contenÃa bolitas de metal, que caÃan a medida que la cera se iba derritiendo.
Los relojes de cera, velas de duración prevista. Consitian en una vela marcada que a medida que se iba consumiendo señalaba un determinado periodo de tiempo. Se usaron en la Edad Media, especialmente en oficios religiosos.
Primeros relojes mecánicos

El Reloj de Praga es uno de los numerosos relojes astronómicos que se construyeron en los siglos XIV y XV.
La mayor parte de los historiadores consideran que estos relojes ya existÃan en Europa desde la Baja Edad Media, o sea en las últimas décadas del siglo XIII y que muchas ciudades Europeas ya poseÃan relojes públicos en los primeros años del siglo XIV.
El reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, es uno de sus claros ejemplos ya que su construcción está fechada entorno al año 1.486, obra de Nicholas de Kadan y Jan Sindel. En la parte inferior del reloj puede verse una esfera calendario. En Italia el testimonio más antiguo descubierto hasta ahora se refiere al reloj instalado en la torre del campanario de San Eustorgio, en la Ciudad de Milán, datado entorno al año 1309.
El primer motor utilizado en los relojes mecánicos fue el de pesas: un peso se colocaba en el extremo de una cuerda, la cual se fijaba y enrollaba por el otro extremo a un tambor giratorio; el peso descendÃa, y la cuerda, al desenrollarse, hacÃa girar el tambor.
Hasta el siglo XV no sobrevinieron cambios en cuanto a la fuente de energÃa empleada, pues siguió siendo la pesa. En ese siglo apareció el resorte espiral que dio nuevo impulso a la relojerÃa y permitió la invención de los relojes portátiles. La evolución prosiguió en el siglo XIX, con la difusión de la electricidad y su aplicación en tecnologÃa.
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